Mis curvas de 180º

Todas las mañanas cuando pasamos junto al carril bici de la M30, el aire fresco y el olor de la lavanda, hace que me ponga de muy buen humor y las tristezas no me importen tanto, así que creo que debería irme a vivir a una cabaña en la montaña, tipo Heidi sin abuelo.
Una cabaña en la montaña con wifi, canal plus y una nevera llena de burmar flash. Porque a mí eso de divertirse a base de pichises, nieblas y pan con queso… como que… no. Que uno está dispuesto a ser Heidi pero no tanto.

Ayer fui a ver a mi director de tesis para comunicarle que había decidido abandonar mi proyecto sobre Alister Crowley. Se puso cantidad de contento. Pasó cerca de veinte minutos explicándome por qué lo de tesis sobre Crowley había sido un error desde el principio por la complicación de su trama y por la poca compensación en cuanto a fruto recogido y enriquecimiento personal. De las mil palabras que soltó, creo que llegué a entender unas ocho. En todo caso, le dejé hablar y emocionarse. Cuando al final me preguntó por el nuevo proyecto le dije que había decidido hacer mi tesis de licenciatura sobre los superhéroes de comic. Él se quedó durante unos instantes un poco como en trance. Luego se quitó las gafas, se frotó el tabique nasal y repitió “Los superhéroes…” . Yo puse mi más amplia sonrisa y dije: “Sí. Ya sabe. Batman… Catwoman… y… todos esos…”

Si a los profesores universitarios les entregaran una pistola láser junto con la cátedra, yo a estas alturas sería un montoncito de polvo sobre un sillón de despacho.

Esta tarde me dedicaré a tirar toda la documentación que habría logrado reunir sobre Crowley. Por la noche el camión de la basura se habrá llevado al vertedero ocho meses de mi tiempo. Bueno. No pasa ná. Espero que todavía me queden ocho más para seguir haciendo que mi director de tesis desee haberse dedicado a la horticultura.