Antes de que se me olvide

Me han hecho una colonoscopia y una endoscopia, con sedación. Todas las pruebas en esta vida deberían ser con sedación. Endoscopias… colonocospias… hacer la compra un sábado a las doce del mediodía… escuchar a mi profesor de metafísica hablar sobre Wittgenstein…
Ha sido como un sueño dulce y espeso. No me he enterado de nada. Cuando he salido me han dejado en una silla de ruedas mientras me despertaba y he oído que decían en la sala «¿acompañantes de Ariel?». Luego se ha abierto una puerta y alguien me ha acariciado el pelo. El cebollón de la anestesia me ha hecho creer que había ido al hospital con Jesús y que era él el que me acariciaba el pelo. Cuando he abierto los ojos y he visto a Ana Belén y a Miguel detrás, me he puesto a llorar y a pedir que se fueran «esos» y que llamaran a Jesús. Así de empanado estaba yo en esos momentos. Cuando se me ha ido pasando el colocón, he oído a Miguel que le decía a Ana «¿quién es Jesús? ¿el anestesista?». Me ha dado la risa tonta. Sin embargo, como aún tenía la lengua de trapo, he terminado pareciendo una especie de foca joven llamando al macho para el apareamiento, y creo que he asustado a alguna enfermera que otra.

Sobra decir que Jesús no ha venido conmigo porque yo no le he dejado, claro. Me duelo de lo que yo mismo me monto. Soy así de majete.

Me voy a echar. Me estoy quedando dormido sobre el teclado.