Las tonterias de un impass

La chica gallega que se parece a Casper ya habla. Me cuenta que en su aldea natal hay mucho machismo y que todos los hombres de allí, consideran un signo de virilidad soltar de vez en cuando un par de leches a sus mujeres para dejar claro quién manda en casa. Yo pongo cara de pánico y le pregunto si su marido también es de esos y ella sonríe tímida y me dice “Bueno… es que las madres gallegas de las aldeas educan así. De hecho mi marido nunca come conmigo. Él come en el comedor, y yo como sola en la cocina, con las niñas.” Acto seguido, y casi sin respirar, se entusiasma y me cuenta que ella y el troglodita van a clases de bailes de salón y yoga en el ayuntamiento. Y yo me imagino a un maltratador machista dando clases de chachachá y pactricando mantras y…

…y llego a la conclusión de que la chica gallega que se parece a Casper me vacila que es un primor.

No sé si me he precipitado al decir que tenemos energías positivas. Entre las historias que me enchufa y el coro de gaitas gallegas que ha puesto como timbre móvil, me tiene los nervios a la miseria. Casi que hubiera preferido a Conchita y su guitarra.

El alergólogo me ha dado fecha para el 27 de septiembre. Olé sus huevos. Me da tiempo a que se me caiga la nariz ocho veces.

Hoy recojo los resultados. Nunca cuatro horas habrán pasado tan despacio.