… y expirar

Me he pasado todo el sábado durmiendo. Del sofá a la cama, de la cama al sofá. Durmiendo y malcomiendo, malcomiendo y durmiendo. No sé qué me ha pasado. Quizá el bajón de toda la tensión nerviosa de la semana, o quizá, simplemente, el chute de los antihistamínicos. Me duelen el cuello y las articulaciones. Creo que ha sido demasiada almohada hasta para mí.

Me dieron los resultados. Tengo todo el sistema digestivo hecho una mierda por los antiinflamatorios de estos últimos años, pero nada chungo que no se pueda superar o que me condene a una agonía nueva. Erosiones en todo el tubo digestivo, esofagitis, hernia hiatal, úlceras… Nunca semejante estropicio digestivo puso a alguien tan contento.

Tengo cita con el dietista dentro de quince días. Mientras tanto, me ha dicho el de digestivo que anote en una libreta todo lo que como en una semana normal y se lo lleve para que vea dónde puede estar el origen de mi caos. He debido poner cara de espanto, porque me ha dedicado una sonrisa beatífica y ha dicho “venga, venga… no será para tanto ¿no?”

Como se nota que no me conoce. Cuando le presente a ese pobre hombre mis quince páginas de lacasitos, vermuses, patatas fritas y quesazos, no va a tardar ni dos nanosegundos en dejarme dos meses a base de tofu. Tengo enormes tentaciones de escribir una libreta mentirosa, pero no estoy seguro de que resulte muy útil. Mi cupo de idioteces ya está muy sobrepasado este mes.