Post con karité y aloe vera

Ayer regué la terraza para quitar el polvo africano ese que trajo el viento durante los últimos días. Una idea genial eso de mezclar agua con polvo africano (o extremeño, que para el caso hubiera dado lo mismo). Armé un barrizal de mil pares de demoños, y todo el mundo me odió un poco, salvo los gatos que se lo pasaron muy bien llenando la casa de huellecitas embarradas a tres tamaños: grande, mediano y junior (sobre todo junior).

Mi compañera gallega hace jabones artesanos y los vende por los mercadillos medievales. Para ser solidario y hacerle gasto, le pedí que me vendiera un surtido completo (ignorante como soy de la diferencia entre un jabón de coco y uno de chistorra) y hoy me ha traído una caja king-size adornada con flores y lazos, que contenía unos ocho kilos de cosas bienolientes artesanas, todas con sus etiquetitas escritas a mano. Sales de baño, aceites relajantes, pomadas balsámicas, jabones multicolores… De esta forma, ella ha hecho un buen cliente, y yo he aprendido que no hay que subestimar la cantidad de potingues diferentes que puede inventarse una gallega en un momento dado.

Estoy abrumado. No sé si dispongo de cuerpo suficiente como para gastar todo esto en lo que me quede de vida. En breve tendré que ponerme a frotar, untar y perfumar a los que tengo alrededor, si quiero vaciar la caja gigante algún día. He empezado por Jesús y le he regalado un jabón de café desodorizante y un aceite de lavanda antiarrugas. Para que no se lo tomara como algo personal, he prometido llevarle también unas «bombas efervescentes de canela» para el baño. Le he dicho que a lo mejor si disolvíamos 20 ó 30 en el agua a la vez, podíamos montar un jacuzzi casero. Él ha dicho que mejor probáramos con 20 sobres de petazetas que saldría más barato. Cuando a Jesús le sale el toque Fesser, siempre termino haciéndome pis encima de la risa.

Si la chica gallega se enterara del cachondeo que nos traemos con las bombas de canela, creo que guardaría sus cajas king-size para gente más sofisticada.