Mi anteanoche shaolin

Tengo mucho sueño, un pañuelo pirata en la cabeza y un gato pequeño comiéndoseme el yogur en cuanto bajo la guardia y la cucharilla. Están siendo días muy agotadores. Con mucho dolor en las piernas y poco tiempo libre para quejarme de ello (por suerte). Hoy tampoco he podido comer a mediodía por culpa de la autoescuela. A las cuatro he tenido que robarle a la máquina un paquete de galletas tucs y una lata de aquarius. Gran comida la mía; tucs y aquarius. Así jamás encontraré un equilibrio alimentario. Me pregunto cómo lo hacen las demás personas sanas del mundo mundial para comer, estudiar, trabajar, alternar y dormir en un mismo día. Quizá sólo sea un problema de organización.

Me he apuntado a clases de yoga. El fisioterapeuta semiflipado del hospital me ha convencido de que es lo mejor que puede practicar un agobiado como yo, para equilibrarse física y emocionalmente. Intenté convencer a J. para que se apuntara conmigo pero se ha escaqueado como un campeón. Dice que en septiembre va a estar muy ocupado desesperándose por su situación económica y no cree poder sacar tiempo para respiraciones del diafragma y posturas del loto. Le pregunté qué era eso del diafragma y dijo “uy, uy… mal lo llevas para el yoga si no sabes nisiquiera respirar correctamente ¿eh?”
Maldito… no sólo no comparte mi camino al fracaso, sino que encima siembra en mí la incertidumbre. Cuando sea un yogui equilibrado y guais, a ver si me acuerdo de darle un par de patadas de monje shaolin en el chi.

Ya… ya sé que eso es kung fu. Da igual. Los monjes shaolines somos capaces de todo cuando aprendemos eso del… ehm… diafragma…