chabacanismo es con b

No sé por qué me he despertado hoy pensando que tenía que continuar con los diarios. Tampoco sé por qué escribo, ni por qué dejo de escribir cuando llega el momento. Sólo sé que si tuviera que vivir de mis escritos me moriría de hambre, porque soy el tipo con la productividad más desordenada del mundo. Y que por suerte, o por desgracia… siempre me hago caso.


Ando preocupado porque ayer Tequila atacó a Tripi. Bufó, escupió e hizo ese chillidito tan majo que hacen los gatos cuando están cabreados. Por supuesto, el pequeño estaba por enmedio, aunque no llegué a averiguar cuál fue su papel exacto en toda la trifulca. Lo único que sé es que escuché el escándalo y ví a Peyote salir cagando leches por el pasillo (admirable la velocidad que puede alcanzar el minigato cuando se pone), mientras la gata se enfrentaba a Tripi hecha una furia. No entiendo qué le pasa. Temo que sus sentimientos maternales hacia Peyote le hayan vuelto un poco loca.

Jesús dice que son sucesos aleatorios y que no debo darles importancia. Que pasarán a medida que el pedogato vaya creciendo. Yo sufro por Tripi. Es mi favorito y no me gusta que nada ni nadie le amenace. Reconozco que me sale la vena de matrona italiana y que me gustaría agarrar una sartén y correr a Tequila por el pasillo al grito de “maledetta” mientras me sujeto el delantal de flores.

Vale… lo del delantal de flores era sólo gráfico ¿eh?