Contra corriente

Ando triste desde hace un par de días. Aparentemente no debería, porque las cosas no van especialmente mal, pero sí estoy en cortocircuito con las personas que me rodean y no encuentro calor en ningún lado. Como uno de esos instantes en los que todo el mundo parece ir en dirección contraria a la tuya.

Por fin le he cogido el tranquillo al coche. Espero examinarme de aquí a octubre y sobre todo, espero aprobar. He puesto en venta el Ibiza de Teo y me he comprado un 4×2, al que tengo que subir dando un saltito. Uno de esos que no combinan nada bien con alguien como yo dentro. No era mi idea comprarme un tanque, pero ha sido una de esas oportunidades que se te ponen en las narices y he pensado que es bueno para la salud ir de vez en cuando en contra de nuestra propia naturaleza. Probablemente de aquí al 2012 tendré mil ocasiones de lamentarme por tener un coche tan difícil de aparcar, pero hoy por hoy, me siento divertido. Como un niño durmiendo en la cama de sus padres, o algo así.

J. no ha mostrado el menor entusiasmo por mi tanque nuevo. Me ha dicho que comprarlo era “una idea de bomberos”. J. es el padre que nunca tuve. Ese al que enseñas tu primera nómina todo ilusionado y te dice: “pero…¿como has firmado el contrato con esta mierda de sueldo?” Él no entiende que ese tipo de cosas me duelan. Cree que debería valorar más la sinceridad, que los simulacros de terciopelo. Pero le escuché regalar un simulacro de terciopelo telefónico a su expareja y la verdad… me hubiera gustado ser ella para poder escucharle ese tono de voz y contagiarme de esa tranquilidad. Le hubiera cambiado gustoso a ese J. cálido y mentiroso, por el sincero, derrotista y crispado, que al colgar el teléfono me esperaba a mí.

Y supongo que sólo estoy celoso de que por otros se esfuerce y se controle, y a mí me venda las hostias en crudo y en directo.

Bueno. Que me quedo con el tanque, como me quedé con el pedogato. Contra corriente. No sé qué será lo próximo. Un duplex en Torrevieja o un alargador de pene mecánico. A saber.