Neponintendo

Vengo de ver con Ana y Miguel la exposición de Super Mario en Matadero. Bastante cutrilla, aunque sé que no se pueden pedir peras al olmo. Sobre todo si el olmo te sale gratis.

Miguel y Ana han estado jugando un buen rato con todas las consolas que había para probar en la primera sala. Mientras, yo buscaba ansiosamente los «autómatas interactivos de famosos personajes nintendo» que anunciaba la publicidad, en las dos salas contiguas. Al final los he encontrado. Sólo que no eran exactamente como uno puede imaginarse un «autómata interactivo de famoso personaje nintendo». De hecho, en realidad eran dos puñeteras aspiradoras rooba, de esas que van por ahí girando solas, con dos setas de polieuretano encima, pegadas con velcro.

Creo que si Shigeru Miyamoto se hubiera dado una vuelta por la sala de las setas giratorias se hubiera deprimido cantidad.

Para quitarme un poco el mal sabor de boca de las cutresetas limpiadoras he jugado un poco al pinpong con la wii, y una niña de 90 kilos en canal me ha dado una paliza de 13 contra 2. Su padre me ha mirado con cierto aire de lástima. Yo he dicho «Es que tengo las lumbares un poco doloridas de hacer yoga» y él ha dicho «claro, claro…»

Me hubiera gustado tener ocho años para llorar un poquito, pero como no los tengo, he vuelto a esconderme en el cuchitril de las cutresetas y no he salido hasta que han venido a buscarme para irnos.

Me he cortado el pelo. Ya no se me meten las greñas en los ojos pero ahora parezco un coco.