O esto se termina o me termino yo

Clases de coche, idas y venidas, exámenes de recuperación, trabajo, trabajo, trabajo… y un Ariel enmedio un poco agobiado de todo y todos.

El lunes me examino. Albricias y zapatetas. No me caben en el cuerpo las ganas de dejar de escuchar la voz nasal de mi profesor de autoescuela pegada a mi oreja derecha con el «así no», «eso nunca», «por ahí jamás» y todas esas cosas que me repite ocho veces al día. Ya son demasiadas clases. Demasiados días. Demasiado todo. Estoy hasta las gónadas de carnet, de coche y de malditasealahora quesemeocurrió metermenesto. Como me suspendan el lunes, muerdo al examinador. Directamente. En cuanto digan «pare donde pueda» ¡ñaca! los colmillos al cráneo como si fuera una manzana de caramelo gigante, parlante y examinadora.

He tenido hoy la presentación del trabajo que llevo preparando toda la semana. Ha sido un éxito. Les ha gustado a todos los gerifaltes y hasta me han estrechado la mano. A mí. Al de las converse rojas sucias. Yupi-yupi-yey.
Todo ese gustazo se lo debo a Jesús. Me ayudó a encontrar el formato, a corregir fallos, a inventarme ideas… Durante la reunión he dicho exactamente lo que le él me dijo a mí (la fuente tipográfica tiene que ser de aes abiertas… No hay que abusar de marcas y colores… El logotipo invertido le da un aire corporativo pero actual…) y he sonado cantidad de profesional. Casi parecía que sabía lo que estaba diciendo.

La verdad es que Jesús y yo formamos un buen equipo. Ya lo éramos cuando hacíamos Jimpomuk. Creo que juntos podríamos hacer grandes cosas. No sé… conquistar el mundo… fundar una religión… conquistar el mundo fundando una religión…

Me voy a yoga. Tengo mono de chica superguapa y superlista haciendo estiramientos imposibles.