Mi gato Peyote me recuerda a alguien

Acumulo tantos pensamientos sin escribir a lo largo de la semana, que cuando llega el momento de ponerme frente al blog, esto termina pareciendo una biblia. Tchsk… qué vamos a hacerle. Otra vez me lo monto en plan telegrama. Ajo y agua para Ariel.

Queeeee… que me reí mucho con el programa de Ilustres Ignorantes del viernes pasado. Siempre me río mucho con ese programa, pero el viernes más. Iba sobre la amistad y trataron el tema del perro como mejor amigo del hombre. Alguien dijo que la relación entre un perro y un hombre no era de amistad, sino de sumisión, porque a un amigo no le vienes con eso de “¡Ven aquí, Luis! ¡sienta, Luis! ¡sienta! ¡dame la patita!. Me encantó. Estoy absolutamente de acuerdo. Creo que por eso prefiero a los gatos. Con los gatos no hay sumisiones posibles. O amistad fifty-fifty, o nada. Eso me hizo recordar una frase de Paco Mir que solía llevar yo en una camiseta. Decía “El perro es el mejor amigo del hombre, pero el gato no deja de ser un colega.”
No sé dónde coño perdí aquella camiseta. Me temo que en el armario de alguien.

Más. A ver…. Ah sí. Que sigo practicando el yoga por mi cuenta, todas las mañanas, en casa. Y que era verdad todo eso de que calma los nervios (por difícil que resulte hacer la salutación al sol con tres gatos dándome por saco al alimón).

Mañana médico nutricionista a las 11:00h., última clase de conducir a las 12:00h. y examen a las 13:20h. Un día completito. Más que saludar al sol, voy a tener que darle un abrazo y dos besos, para poder conservar un poco de equilibrio vital ante tanta tensión. Tchks…