Me tengo que ir a saludar al sol de noche

Hoy se ha incorporado el becario nuevo. No está empanao como el último, ni es repipi como el penúltimo, pero sí es sorprendentemente pequeñito. Cabeza diminuta… patitas cortas… minimanitas… Cuando se ha sentado a mi lado en la mesa, talmente éramos la personificación de José Luis Moreno y su muñeco Monchito (y eso teniendo en cuenta que yo no salvo el 1,70). Se llama Leonardo. Un nombre muy largo para un chico que se termina en un pispás. Esas son las jugarretas que nos hace la vida. Como el que yo tenga el nombre de una sirenita disney o que J., que es más malo que un demoño, tenga el del hijo de un Dios.

He estado escuchando chistes sobre el minibecario tooooodo el santo día. Me han enviado vídeos de niños de comunión… fotos de muñequitos de tarta… chistes sobre sobre titís… En fín. Todo el repertorio “machaquemosalnuevo” que puede idearse en una oficina de clase media burguesa casposa. Va a ser cantidad de complicado mantenerle a salvo de todo eso. Sobre todo si sigue viniendo con ese traje azul marino con botones dorados.

Algo se me ocurrirá. Los chicos de bolsillo tenemos que apoyarnos.

Hoy he salido a autopista. No he metido mal las marchas ni una vez. Cagoentó… Creo que el almera de la autoescuela tiene algún tipo de espíritu diabólico dentro que me odia. Una de esas fuerzas malvadas chungas de coche poseído, tipo Christine.

Con lo bien que iba yo en bici, matándome por las esquinas…