Creo que odiaremos un poco el año 2010

Esdoy buy resbriado. Bucho. Debasiado. He pasado una semana de llagas en boca, otra de inflamación de encías y ahora una de toses y mocos. Se ha debido soltar alguna tuerca de mi sistema inmunológico. Al menos espero que lo próximo en atacarme siga siendo curable y poco importante. Quiza una indigestión… una leve conjuntivitis… un poquito de lepra…

Puede que sea el stress. Llevo una agenda tan jodida entre autoescuela, facultad, trabajo, yoga y médicos, que ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que pude sentarme en un sofá a no hacer nada. Por no poder, nisiquiera puedo escribir. Cuando llego a casa a veces me gustaría encerrarme unos minutos en el baño a darme de cabezazos contra la puerta y llorar. Eso es síntoma inequívoco de que algo no anda bien en la distribución de mi tiempo, o de mi cabeza.

Bueno… he cambiado de autoescuela. Ahora voy a una mucho más cara, así que tengo un profesor absolutamente encantador y un pedazo de audi entre las manos. Me siento como si me hubieran escupido del infierno al cielo. Ya nadie me grita, ni al coche se le cae ningún trozo. Ahora el motor ronronea, las marchas parecen de espuma y el profesor me dice cosas de maestro saolín, como «coge el volante como si cogieras un gorrión» o «recuerda Ariel… levantar pie, levantar cabeza…» . Cada vez que bajo del coche me dan ganas de darle dos besos (al profesor, no al coche). No se si aprobaré el 25, pero desde luego voy a ir con el espíritu mucho más tranquilo. Eso sí, como en el centro de exámenes me encuentre con el almera de mi exautoescuela, pienso echar un pisecillo contra las ruedas (y porque echárselo al exprofesor quedaría feo, que si no…)

Peyote tiene la cola como un mono araña. Nunca había visto un gato con el rabo tan largo. Tranquilamente podría colgarle mi colada de calcetines y aún sobraría sitio. Miguel ha hecho un chiste fácil con lo de la cola del gato y el dueño, pero se han reído todos menos yo. Con los chistes de pollas me pasa lo mismo que con los chistes de pedos. No les veo la gracia por ningún sitio. Si tuviera que trabajar en la industria del humor norteamericano, me parece a mí que iba a terminar recogiendo latas debajo de un puente. Cada vez que llega a España alguna de esas películas americanas tipo nosecuantos-movie, siempre pienso «¿y cómo coño habrán podido pasar de los hermanos Marx a esta mierda?» Debe ser que al contrario que el resto del planeta, la cultura norteamericana involuciona, o algo así.

Creo que yo también estoy involucionando un poco, porque ahora, en vez de leer en el metro, me paso las horas muertas jugando a un juego de esos idiotas que te vienen de serie en el móvil. Creo que el stress también tiene que ver con eso. Leer me supone un esfuerzo mental para el que estoy agotado de antemano, mientras que lo de juntar bolitas lo puedo hacer igual que un chimpancé se rascaría los huevos. Pim-pam-pim-pam, y sin pensamientos de por medio.

Qué ganas tengo de escapar de todo, joder… Ojalá fuera otra vez pequeño, para salir corriendo.