Las redes que nunca me atrapan

No he ido a trabajar. Cada vez que respiro sueno como si tiraras una piedra a un pozo. Nunca he estado tan cerca de ser Darth Vader. De hecho, si apagas las luces y sólo escuchas, acojono bastante. He intentado utilizarlo para asustar al minigato pero no ha dado resultado. Mi gato-mono-araña no se asusta con nada. Ayer le pillé metiendo el hocico dentro del tubo de la aspiradora. Creo que entre las tetillas lleva la s de supermán.

En estos momentos mastico un montadito de pan de hogaza con jamón serrano que trajo ayer alguien de nosequé pueblo de Segovia. No debería comerme la comida de los demás pero en esta casa reina tal anarquía, que ya sólo nos falta asesinarnos los unos a los otros y clavar nuestras calaveras en estacas para adornar la terraza de antenas. Por todo lo demás creo que ya hemos pasado.

Hoy debería quedarme en la cama a disfrutar de mi bronquitis, pero no lo haré porque sigo siendo un irresponsable. En lugar de eso, me iré a dar una clase de circuito por móstoles con mi profesor saolín.

Dos de mis exparejas de tiempos muy, muy lejanos, han saltado como gatos al leer mi post de anoche, y me han dedicado comentarios furibundos sobre lo de “caminar en un fango de tristeza”. Y lo más curioso del tema, es que no me refería a ninguno de los dos, sino a un barcelonés llamado Jose (Jose, si lees esto, te invito a que también me dejes comentarios furibundos por lo de sacarnos los hígados). Bueno. Esto es internet. Aquí un pringado grita ¡fuego! y siempre habrá otro pringado dispuesto a sacar la manguera. Es un acuerdo no tácito que nunca falla.

No quiero ni pensar lo que sería de mí si me meto en facebook. Creo que todos mis conocidos terminarían tirándome piedras. Soy así. La voy cagando socialmente allá por donde voy.

Y hablando de facebook… Quise meterme en el facebook de cadena 100 para participar en un concurso, pero no me dejaban echar un ojo si no me registraba, así que metí mis datos en plan pim-pam-pum, asomé la cabeza, miré y me fuí, y ahora me llegan correos al gmail diciéndome que hay algunas personas esperando a que las acepte. Sé que no debería haber metido la zanca donde no me iba a quedar pero… ehm… ahora no sé cómo borrarme (añadido a un poco de pereza para averiguarlo) y me he quedado ahí… flotando en el mundo de los arieles virtuales que quedan como cochinos por no contestar a los amigos.

En fin… lo dicho. Condenado a la piedra que estoy. Forma parte de mi naturaleza.