Tengo los ojos medio abiertos, medio cerrados, pero unas líneas antes de acostarme no me matarán y me ayudarán a resetear un poco la cabeza, que falta me hace.

Mañana examen. Ya no me hago iusiones de aprobarlo, pero si tengo unas ganas casi demoníacas de terminar con todo lo referente a la autoescuela. Estoy cogiendo una manía a lo de conducir que ya prácticamente, no me cabe en el cuerpo. Y no diré otra vez lo de «con lo agusto que iba yo en bici» pero… ¡con lo agusto que iba yo en bici! Mi nuevo profesor dice «como en el fútbol. Cambio de entrenador, victoria segura». Que el demonio le oiga.

Compré un pack de calzoncillos marinos en nomeacuerdodónde que una vez puestos han desteñido y me han dejado los huevos del color de los ahogados. Todo un shock hepático, eso de ir a hacer pis y encontrarte la churra morada. No se lo recomiendo a nadie que tenga un corazón sensible.
Lo peor es que como es una zona difícil de frotar si no quieres terminar cantando de soprano, no termina de irse el azul del todo, ni después de cinco duchas, así que ahora mismo tengo los genitales como un fantasma de película japonesa. Estoy sopesando la posibilidad de sacarme un huevo durante el examen. Fijo que de esa forma, el examinador no iba a fijarse absolutamente en nada más que no fuera mi cataplín lapislázuli.

Vale… pensándolo bien, y considerando la cantidad de gente que se examina del carnet de conducir con un huevo fuera, creo que el examinador no se fijaría en nada más, incluso a pesar de que el huevo presentara su color y textura habituales.