Necesito un hada madrina de esas que no existen

Tengo quince minutos hasta mi reunión con el tutor. Quince minutos de post rapidito. Cuando dejo que pasen más de dos días sin escribir, me encuentro con semanas acumuladas de nada absoluta. Luego, cuando tenga 85 años y lea todo esto que estoy escribiendo seguro que me preguntaré “¿y qué demonios me pasó del 12 al 15 de octubre?” Y luego me responderé “¿y qué cojones me importa lo que pasara hace sesenta años, si ahora no me llega la pensión para comer, me empieza a fallar la próstata y encima no se me levanta?” y así quedará zanjado el asunto de los post que no escribí en su momento.

Tchsk… humor negro. Ese es un síntoma inequívoco de que estoy bien jodido. Y lo estoy. Triste, deprimido, harto y con la autoestima a la altura de mis huevos azules. No sé qué especie de maldición me ha caído en estos últimos cinco meses de vida, que todo, absolutamente todo, me sale como el culo. Creo que si hago un balance, lo único bueno que saco es haber encontrado a Peyote, y eso teniendo en cuenta que ayer se comió por todo el morro, 32 euros en makisushis que yo amorosamente guardaba para la cena de esta noche. Esa es toda mi fortuna. Un gato bulímico y chorizo.

Necesito un hocus pocus. Que alguien me lo haga por favor.