Me sobran horas de sábado

Peyote intenta comerse el cable de conexión, mientras yo intento averiguar cómo se pasan las fotos del móvil al pc. Hoy todos intentamos algo, sin conseguirlo del todo.

Me he levantado a las ocho y media para ir a clase. La verdad es que es un asco eso de tener que darle al sábado poderes de lunes. Mi profesor es encantador conmigo. Ha sido el primero en darme calor en todo lo que va de semana, y sin estar obligado a hacerlo, porque al fin y al cabo le tenía que pagar igual. Pero se ha molestado en animarme y hacerme reir y la verdad… se lo agradezco mucho. Le he dicho que cuando termine todo esto, le invitaré a una ronda en el Anciano Rey de los Vinos. Últimamente no pienso más que en emborracharme. A lo mejor es verdad que tengo un pie encima de la depresión. Sea como fuere, tengo que tener cuidado si no quiero terminar como mi padre. Anoche saqué ocho veces la botella de bourbon y ocho veces la volví a guardar. No es buena idea meterte alcohol cuando estás triste. Acabas dando cien vueltas sin moverte del mismo sitio.

Esto es mi cabeza haciendo sombra en la puerta de la habitación. Espeluznante. Otra vez necesito un corte de pelo. O dos. Cuando llueve o hay humedad, soy más nepomuk que nunca.

Ya sé interconectar el móvil. Qué bien. Ahora dejaré que Peyote se coma el cable y así terminamos el post los dos contentos.