Queda inagurado este pantano con la 253

En el salón de mi abuela Regina había un papel pintado como este que he puesto de fondo. En mi cuarto no. En mi cuarto había pintura verde con moho en las esquinas. La abuela Regina no me dejaba entrar al salón de las filigranas azules, porque decía que se ensuciaba y si descubría rastros míos en alguna parte de la casa que no fuera el cuarto del moho verde, me daba un bofetón que me temblaban hasta las orejas. Por eso he puesto este fondo en el blog. Es mi particular corte de mangas a la difunta abuela Regina. Ahora tengo un blog con papel pintado para plantarle todos los dedazos que quiera. Y además pongo las zapatillas encima de las sábanas. Halatomayá. Que le den a las abuelas brujas del mundo mundial.

Me lo he pasado muy bien haciendo esta horterada de plantilla. Dejo un montón de cosas nuevas de blogger pendientes de explorar, y un pie de página un poco descuadrado, pero ya me ha cansado de hacer clics, así que… buscaré otro día de paciencia para terminar de encajar los ladrillos. O mejor… lo dejaré así y me aguantaré con mis asimetrías.

He hecho muchas cosas estas últimas dos semanas. He estado en la fiesta de Halloween de Port Aventura. He llorado mucho. Me he autoregenerado. He vuelto a enfermar y he cambiado de casa. Todavía tengo a mis pies un montón de cajas con etiquetas a rotulador que dicen “libros”, “zapatillas”, “videojuegos”, “ropa verano”, “puñetas”. En la caja de puñetas es donde meto todas las cosas que no logro encajar en ningún grupo o género. Supongo que si hubiera dioses dirigiendo el cotarro del universo, a mí también me terminarían metiendo en la caja de puñetas.

Ayer me dolía mucho la pierna. Para intentar relajar el músculo, me di un baño en la bañera gigante con las sales que compré a la casper gallega. El agua salía casi fría, así que tuve que llenar la bañera a base de barreños, como en la época de María Antonieta. Terminé tan hasta las pelotas de ir y venir, que cuando estuvo llena, vacié los tres frascos de sales a la vez, para asegurarme de no poder preparar en el futuro ningún baño más. Craso error. Eso de mezclar lilas con menta, mandarina y canela, dejó un tufazo en el ambiente que casi me revienta el hipotálamo. Mientras estaba ahí zambullido mirándome la punta de los pies entre espumas multirraciales, fue cuando se me ocurrió que tenía que cambiar la plantilla al blog y volver a escribir, antes de que se me oxidara algo.

Yo jamás dejaré que se me oxide nada. Va en contra de mis principios.