Anoché dormí cuatro horas

Al final no era un herpes, sino un arañazo de gato. Estoy tan acostumbrado a tener zarpas en las narices, que ya ni me entero de cuando me enganchan. No puedo distinguir de cuál de los tres ha sido, pero me jugaría un cachito de huevo a que el placer se lo debo al comecables. Es el que más interés pone últimamente en cuestiones de masacre. Cualquier día me despierto con una marca en la nalga que diga “Peyote estuvo aquí”.

Ha llegado otro chico al piso. No quiere montar una peluquería de perros, ni tiene alergia a nada, pero es vegano. Me lo ha dicho así. Hola, me llamo Marc y soy vegano. Y lo ha dicho con tanta concisión, que por un momento (afortunadamente corto) he estado convencidísimo de que lo de “vegano” era porque había nacido en San Martín de la Vega. Luego, cuando le he preguntado que qué tal era ese pueblo para vivir y me ha respondido que no tenía ni puta idea, ya he empezado a pensar que quizá se refería a lo de no comerse nada que tenga cara y esas cosas. Así soy yo. Rápido y sagaz como un conejo (un conejo puesto de crack, claro…).

Como tiene los ojos cantidad de raros y yo quería caerle simpático (siempre quiero caer simpático a la gente con ojos raros. Son mi fetiche) he puesto cara de que lo del veganismo me interesaba mogollón. Craso error. He tenido que tragarme tres cuartos de hora de perorata sobre la injusticia de la explotación del hombre sobre el resto de las criaturas vivas del mundo mundial, así como un pormenor detallado de la actividad de una vaca media, desde el momento que nace, hasta que muere y se convierte en chuletas para los trogloditas zampabollos como yo. Y lo peor de todo, es que mientras hablaba, no podía quitarme de la cabeza el medio sandwich de tranchette con jamón, que había dejado a medio comer esta mañana en la nevera.

Así que ese ha sido nuestro comienzo. Él hablando del sufrimiento de las vacas del mundo y yo pensando en tranchettes con jamón.

Sea como fuere, ha llenado su trozo de nevera de cosas raras que no había visto antes en mi vida y me ha dicho que mañana me preparará una morcilla de berenjena y una ensaladilla vegetal con “veganesa”, que es como la mayonesa de toda la vida, pero en asqueroso. Se ha puesto muy contento y emocionado porque ha visto que tenía tres gatos. Creo que ha dado por hecho que al ser amante de los animales, podía convertirme al veganismo en un pispás. No sé bien cómo. Preparándome sobrasada de soja y poniéndome pantalones de lino, o algo así. El pobre no sabe que soy de los otros. De los que aman a los animales con una mano y con la otra se ponen ciegos de chaskys facundo.

No sé cómo demoños voy a disimular mañana el asco de comerme una morcilla de berenjena.