La disertación tonta de las dos y media

Todo ha empezado porque quería ver Harry Potter. No soy un harrypotteradicto. O más bien digamos que soy un harrypotteradicto con sentido de la crítica, porque la verdad es que la penúltima película, por muy fan que sea de la saga literaria, me pareció un coñazo espeso y soporífero. Quería ver esta última entrega para quitarme el mal sabor de boca, pero me he puesto a pensar y… no tengo con quien ir. Y revisando los números de la agenda, me he dado cuenta de que tampoco tengo a quién llamar para proponérselo. Y me he sentido un poco solo, claro. No es que yo sea de los que piensen que para vivir bien sea condición sin ecuanum estar emparejado con alguien. De hecho, no hace mucho un exblogger me llamaba «esquivo» por andar siempre sorteando citas, pero… bueno. Sí soy de los que piensan que para vivir bien es importante tener al menos una persona con la que conectes de forma mutua. Y la que yo tenía murió el 16 de mayo.

Así que una cosa ha llevado a la otra y he terminado entrando otra vez al irc.

El irc. Un clásico de antes de que empezara la pesadez de la redes sociales. No entiendo cómo alguna vez pude encontrar allí algo interesante. Menuda cueva de los horrores. Menuda panda de gañanes. Donantes de semen a piñón fijo, que los llamé no hace mucho. Sí… de esos hay a patadas, claro. Pero ni rastro de nadie con quien pueda apetecerte ir al cine. Nadie a quien invitaras a ver Harry Potter. 

Creo que durante estos últimos años, he perdido la capacidad de relacionarme. Y ahora, aquí sentado, mirándome la punta de las zapatillas con el mundo a mi espalda, me hago la pregunta del millón.

¿Cómo? ¿cómo hago ahora para conocer a alguien?