Sed, idiotez y dolor de cabeza

Ya tengo pelo. Increíble pero cierto. Una vez alguien me dijo que el crecimiento del pelo estaba muy interrelacionado con lo sano que estuviera tu cuerpo. Quién me lo dijo, obviamente, vivía en la higuera.

Ayer tuve otra noche de no dormir y mucho pensar. Una de esas de caballo salvaje y mono loco (pondría el enlace de lo que significan ambas cosas, pero lo leí en un blog que ya no existe). Las piernas me dolían mucho. Para no gastar el primer parche de morfina de la temporada, estuve dando paseos cortos por el pasillo y saliendo un poco a la terraza. No fue muy buena idea. En una de esas idas y venidas, tropecé con el tendedero plegable y desperté a Marc. Menos mal que fue a él. Lo de alimentarse a base de lechugas le da estabilidad de samurai. Si llego a despertar al otro con el caclinga-caclanga hubiera tenido un 60% de posibilidades de que me lo hiciera comer.

A Marc no le molestó el caclinga-caclanga. Al contrario. Me ayudo a recoger los calzoncillos del suelo, como un buen samaritano (los del tendedero, no los míos) y luego se interesó por mi insomnio y por mi daño, y me sirvió un chupito de orujo de su pueblo “para calmar el alma” (me gustó esa frase; calmar el alma).

Me bebí tres chupitos y cogí un melocotón de mucho cuidado. Él, por el contrario, debió de tragar ocho o nueve, y no se le inmutó ni una ceja. Carne no comerá, pero lo que es alcohol… se lo embute con la parsimonia y la destreza de un marinero irlandés.

Gracias a los 30º de graduación alcohólica, se me quitaron todos los daños (internos y externos) y terminé contándole todo lo que había sido mi vida en los últimos tiempos. Luego, justo diez segundos antes de que Pedro asomara la cabeza y nos pidiera silencio, le dije que lo que de verdad necesitaba encontrar ahora, era una chica normal y corriente, para formar una pareja estable. Según lo iba diciendo, yo mismo me iba maravillando de lo pedorro, estúpido y convencional que sonaba. Afortunadamente, él se lo tomó un poco a cachondeo. Puso cara de ardilla y dijo “a lo mejor te puedo presentar a alguien…” Yo levanté el último chupito y dije: “Que sea chica ¿eh? chica. Chi-ca… ¿sabes lo que te digo? no quiero tíos ¿eh?… un chica con… eso… con… cosas de chica.”

Mi brillante puntualización, su risa descontrolada y el irosalamierdahombreya de Pedro, es más o menos lo último que recuerdo de ayer anoche. Lo demás es una penumbra de gatos, colorines y sueños orujiles.