Tantas cosas y tan liosas…

No era una chica alta. Ni baja. Ni rubia. Ni tampoco morena. De hecho, no era una chica. Era un tipo con unos huevazos como un piano que se llamaba Hugo. Y yo voy a matar a Marc. Un día de estos. Lentamente y por sorpresa. Algo se me ocurrirá. Le disolveré en la sopa cuarto de kilo de cerdo. Le haré comer hamburguesas de pollo diciéndole que es tofu y luego le contaré que eran del perrito ese tan mono que anunciaba las quinielas. O de lassie. O de piolín. O de su santa madre en calzones de puñetas.