Para que salgas de dudas, pelirroja

No se han muerto. Un grado bajo cero y nisiquiera se han amoratado. Ni se han ahogado con la lluvia, ni nada de nada. Creo que estoy criando una raza biónica de superhormigas. Que en algún momento romperán el cristal en plan Increíble Hulk y seguirán cavando túneles en mi yugular. Y que Marc me encontrará reseco y tieso, como la madre de Norman Bates y Hugo le preguntará “vale, las hormigas se lo han comido pero… ¿están bien? ¿siguen cavando túneles? ¿se han reproducido? ¿ha muerto alguna?”

No me gusta Hugo. No me apetece. Su amigo hace muchos aspavientos y me dice que está bueno y que es inteligente y simpático. Que qué mas quiero. Yo le digo que no puedo con lo de las hormigas y las verduras. Porque Hugo también es vegano, ojo… Que según parece lo del veganismo es un clan. Que uno se hace vegano y de pronto se apelotona con veinte veganos más, como los electrones de nuestras clases de física. Y que me parece genial que cada uno coma lo que le da la gana pero… eso de imaginarme un futuro de calabacines y alcaparras me deprime un poco, coño. Que ya es bastante gris la vida como para que encima le quitemos los entrecots al cabrales.

Dice Marcos que va a buscarme a otro que coma cosas con cara y no coleccione hormigas. Asombrado me tiene. Este chico es como un netmeeting, pero con alpargatas de cáñamo. La vida es así. Unos coleccionan hormigas y otros bisexuales solteros desengañados buscando plan.