Qué maja ella…

… Tan cuadradita… tan brillante… tan verde… tan terroríficamente cara…

Curioso es el destino. Al final me ha ido a aprobar el mismo examinador que me suspendió la primera vez. El pobre aquel al que hice rebotar contra el techo en el bache del polígono mostoleño. Y además me ha llevado exactamente por la misma ruta. Eso demuestra mi teoría de que esta vida es circular y termina por cerrarse en sí misma, a modo de pim-pam-aquínohapasadonadayvolvemosaempezar.

Lo cual no quita que cuando oyera su inconfundible voz repipinasal decirme desde el asiento de atrás «cuando esté listo, empezamos, Ariel…» se me pusiera el escroto (que afortunadamente ya no duele) a la altura de las orejas, claro…

Estoy seguro de que el hecho de que estemos en estado de alarma y yo conduzca, tiene que tener algún tipo de relación psicocósmica.