Esta te la debo, Capitán Pinto

El chico de Krypton me ha pillado el blog. Así… con nocturnidad y alevosía. Desde los comics de flickr ha seguido mirando por aquí… por allá… y halavenga… se ha topado con los nepomundos y se ha enterado de que le llamo superhéroe y de que me fijé en que no le asomaba el nacimiento del culo mientras colocaba la verja de la terraza. Son los inconvenientes de ser un bocazas irresponsable en un medio público. Que de vez en cuando viene alguien, te pilla en plena nepochuminada y hala… a poner cara de paisaje y decir eso de “anda… ¿tú por aquí? ¡qué pequeño es el mundo!” mientras esperas que te caiga la primera hostia.

He tenido mogollón de suerte con eso de que sea un superhéroe, porque en vez de ponerme cara de perro y pedirme que no vuelva a hablar de él (que era lo que hacía J.), ha sido cantidad de majo y me ha dicho todo dulce y guay, que debería dedicarme a escribir libros porque tengo madera de escritor.

No sé cuántos hombres habrá como él en este mundo. Probablemente dos, y uno sea monje tibetano en el Himalaya, así que estoy pensando muy seriamente hacerle una petición de mano formal. La virginidad ya no puedo entregársela (eso que se gana, el pobre) pero tengo otras cosas igualmente importantes y significativas, que puedo darle de corazón, como muestra de mi entrega y devoción futura. El minimister potato… el gato satánico… la playstation con el juego de Naruto…

Bueno, no… el Naruto no, que aún no lo he terminado. Pero vamos… mi llavero luminoso de Super Mario con sonido incorporado… ¡todo suyo!