Casi que me gusta más el mundo contigo

He enchufado tres cd’s de villancicos populares en el mac, para amenizar navideñamente el departamento. Hoy todos mis compañeros, a excepción del Sr. Mariano que está operado del tímpano y sólo oye por un lado, me odian un poco.

Anoche vino Mikel a buscarme al trabajo, para acompañarme con el coche bajo la lluvia. Nos cayó la del pulpo. Litros y más litros de agua, corriendo M30 abajo. Cuando llegó el momento de aparcar también llegó el momento del drama. Una calle estrecha, agua a mares, retrovisores completamente ciegos y yo ahí… dando para delante… dando para detrás… dando para adelante… dando para detrás… La fila de noventa coches que formé tras de mí empezó a pitarme y cuanto más me pitaban, más nervioso me ponía y más seguía paradelanteparadetrás, con alguna calada de motor por enmedio. Mikel mientras a mi lado, con expresión de mayordomo inglés y sin mediar palabra. Al final, cuando ya empezaban a escucharse algunos insultos, se desabrochó el cinturón, salió muy parsiomoniosamente, me quitó el mío, me sacó cogido de los hombros como quien saca a un niño, me puso debajo de un soportal para que no me mojara, volvió al coche, enseñó el dedo corazón a todos los que pitaban, gritó un «queosjodanimbéciles ¿noveislaele?», se subió y aparcó en un nanosegundo pim-pam. Luego sacó mi mochila, cerró el coche, vino hasta el soportal y me dijo «Ya está ¿todo bien?»

Mikel es mi héroe. Quiero regalarle algo especial para Navidad, para agradecerle lo de ayer. Aún no se me ha ocurrido el qué, pero me daré de plazo hasta mañana. Después de 14 arreborriquitos y 16 peromiracomobeben, la verdad es que no se le queda a uno la mente precisamente despierta.

El Sr. Mariano acaba de mirarme. Creo que ya me odia él también.