Sólo los locos leen blogs el día de Navidad

Cené con Miguel, con Ana y con un par de miembros de su familia. Comimos un 250% más de lo que nuestros cuerpos demandaban, pero dió igual porque la Navidad es siempre para ir contra natura. ¿No tienes dinero? pues a comprar. ¿Ya no tienes hambre? pues a comer. ¿Tu cuñada te espanta? pues a darle cuatro besos. Es lo que es, y todos lo aceptamos sin rechistar, porque así nos enseñaron desde pequeños. Y si alguien se niega, le compadecemos y le llamamos grinch.

Quise hacer solomillos rellenos de torta del casar, pero terminé haciendo suela de zapatilla rellena de algo disuelto e indefinido con sabor a queso. No importó mucho porque los mojitos sí me salieron bien, y eso nos bloqueó pronto la mente y las papilas gustativas. Pusimos el vídeo que me rodaron en port aventura al subir al furious baco y nos reimos mucho con mi cara de maestro yoda con ataque de epilepsia. Cuando llegamos al brindis, Miguel tuvo la desafortunada idea de decir «venga… por Teo, donde quiera que esté.» Y entonces, se hizo el silencio y ya toda la alegría se nos fue por algún lado. En ese momento comprendí por qué este año no he sido aún capaz de colgar ni solo un adorno de Navidad. Yo soy así. Estoy lleno de síntomas que tardo semanas en llegar a reconocer y siempre, siempre, resulto un jodido misterio para mí mismo.

Espero que el año que viene sea todo mejor. Para mí. Para los que están conmigo.

Y sobre todo, espero estar aquí.