Pido perdón por cambiar ocho veces cada post

… es que soy así. De natural insatisfecho y tocapelotas.

Peyote ya está en casa. Tiene las pupilas como paelleras, y lleva haciendo ochos entre mis piernas cerca de un cuarto de hora, pero por lo demás… no ha reaccionado para nada como reaccionó Tripi. No parece estar ni traumatizado, ni asustado, ni cabreado, ni pollas en vinagre (con perdón). Yo diría que incluso tiene ganas de juerga porque hace un momento casi me ahorca jugando a trincar los cordones de mi sudadera (es lo que tienen los anticristos, que nisiquiera inflados a ketamina descansan). Me quito un peso de encima. Eso demuestra mi teoría de que, al igual que los seres humanos, cada gato tiene su propia personalidad.

Ahora que le tengo entre los brazos y que vuelvo a jugar con él a «desollemos la mano que te da de comer» me doy cuenta de que le quiero demasiado. Una mierda lo de querer demasiado a alguien. Pase lo que pase, siempre estás vendido.

Ojalá lleváramos un termostato de potencia en el corazón, como los microondas.