Nepomuk y la falta de fe

Bueno, pues todo vuelve a la normalidad después de la amputación. El gato satánico sigue satánico, el paranoico sigue paranoico, la mala pécora, sigue mala pécora y yo sigo besando las zarpas que me desollan con el amor y la entrega de una matrona italiana. Snifs… qué bonito todo…

Hoy vienen los reyes magos caminito de Belén. Quería haberles hecho regalos a los gatos, pero luego he pensado que eso era demasiado imbécil hasta para mí, así que me he limitado a los seres humanos que me importan de forma directa. Miguel, Ana, Jesús, Mikel y el señor de las chuches del puesto de la esquina.

Al de las chuches (a ver si os creiáis que iba de coña) le voy a encasquetar el hormigódromo como me llamo Ariel Nepomuk. Con los demás ya me he esforzado un poco más. Sobre todo con Miguel, que le debo horas, horas y más horas de paciencia copilotar al volante del tanque azul. Le he comprado una diana de dardos electrónica, un juego de pinpong y un videojuego de matar zombies con pistola pumpumpum. Ana dice que tengo mucho hocico porque siempre regalo cosas de las que luego me puedo aprovechar. Yo le digo que eso son infundias y falacias, y que en lo único que me baso a la hora de elegir un regalo es en la psicología del destinatario, la configuración básica de su personalidad, sus necesidades físicas y/o materiales, y aquellas ilusiones que haya dejado patentes en nuestros últimos seis meses de contacto.

A ella le he comprado un Power Ranger.