Baldita alergia..

He olvidado tomarme el antihistáminico dos días seguidos así que ahora tengo la cara como si hubiera pasado cinco días llorando. Qué memoria de mosquito tengo. Si fuera una chica y tuviera que tomar la píldora anticonceptiva, estoy convencido de que a estas alturas de mi vida ya habría tenido ocho partos y cinco abortos (aunque, siendo sinceros, dudo mucho que mi sexo de los últimos tres años hubiera dado para tanto).

El médico me dijo que procurara no forzar mucho la rodilla, así que hoy he ido a correr un rato. No puedo evitarlo. Es algo inherente en mí. Alguien dice «peligro» y yo grito «¿dónde, dónde?». Jesús dice que es una inclinación no controlada de mi subsconsciente. Que mi cerebro necesita la adrenalina de saberse en riesgo. Yo digo que es simplemente gilipollez. Creo que la llevo en mi carga genética. De hecho creo recordar que tuve un tío abuelo que se mató intentando hacer de tragafuegos. Básicamente, olvidó lo de escupir la gasolina, el pobre.

He ido con Miguel a las pistas del canal y allí me he encontrado con el chico del piso que visité ayer. Casualidad casual. Ha sido igual de majo y ha hecho como si se alegrara de verme. Yo me había levantado chulito, así que le he retado a un sprint en la pista de tierra batida. No sé por qué demonios he hecho eso. Supongo que porque me saca veinte años y he pensado que eso era suficiente para machacarle. No aprenderé nunca. Siempre se me olvida que soy aquel chico al que una niña con obesidad mórbida ganó 21-5 al pinpong.
Sea como fuere, el chico temático ha sido cantidad de bueno y no se ha regodeado en lo de sacarme 30 metros de ventaja. Al contrario. Se ha disculpado diciendo que él aguantaba más de lo normal porque siempre tenía unas pulsaciones muy bajas. A cambio, yo le he dicho que no respiraba bien por culpa de la alergia y hala… eso y un red bull ha bastado para que nos quedáramos los dos mentirosos y tranquilos.

Me ha dicho que hay otros dos chicos interesados en el piso, y que uno es un actor mediofamosillo. Le he preguntado si esa era una forma amable de decirme que me fuera buscando otra casa, pero se ha puesto muy serio y ha dicho «para nada, para nada…»

Cuando ya nos hemos despedido, Miguel me ha dicho que debería empezar a pelotearle un poco si no quiero terminar acampando en un banco del Retiro. Yo he contestado que ya lo había hecho, dejándome ganar en la carrera. Miguel ha respondido con una sonora carcajada que ha durado más o menos lo que todo el trayecto de vuelta.

Balditos todos…