Demonios de la carne y del pescado

Ya no tengo alergia. Ahora tengo alergia + resfriado. Es como si alguien me hubiera desactivado la nariz. Como no aprenda a respirar por las orejas, lo llevo crudo para poder pegar ojo esta noche.

Esta mañana he vuelto otra vez a las pistas del canal para ver si le veía de nuevo y exortizaba un poco los demonios calenturientos de ayer. Mala idea. A las siete y bajo un frío de pelotas, lo único en que podía pensar era “pero… ¿qué coño hago yo aquí?” Afortunadamente, no me ha durado mucho la duda. Pronto he distinguido su camiseta roja en la zona de los aparatos, y he frenado tan rápido que probablemente me hayan salido chispas de las zapatillas. Ha sonreído y ha dicho “Pero bueno… ¿tú no duermes nunca?” y yo he devuelto la sonrisa y he respondido “pues… yo… ehm… sí… o sea no… bueno, a veces.”

Así soy yo. Tan seductor en las distancias cortas, como un ratón Mickey en un serrallo de eunucos.

Por un instante, mientras hablábamos de nosequé chorrada, me ha dado por pensar que a lo mejor todo lo de ayer no había sido más que un tobogán hormonal sin importancia provocado por el hambre, de esos que llegan y sin más se van. Pero luego al pasar por mi lado me ha cogido del antebrazo durante dos segundos, y ha sido talmente como si me metieran cuarto de kilo de medusa por los pantalones. Otra vez la descarga. Otra vez todo el vello erizado y el corazón al galope. Otra vez olisqueando como un perro ese olor a piel caliente de sábanas y forzando el paso para quedarme detrás y poder mirarle el nacimiento del pelo en la nuca. Otra vez las ganas de meterme debajo de su camiseta y morderle algo. Lo primero no irreversible que pudiera pillar antes de que me apartara con dos dedos y me dijera “peroniñodondevas”.

Qué me pasa, joder, qué me pasa… Si yo no soy así… Si nunca he sido así…

Hay pocas posibilidades de que me acepte como inquilino, compitiendo con otros dos que además de tener mejor economía carecen de gatos, así que… por una vez tengo algo que agradecerles a mis tres bestias satánicas. Un día de estos, cuando ya pueda dormir con una nariz de las que respiran, y deje de perderme en sueños húmedos sobre camisetas rojas y nucas morenas, miraré de regalarles algo para que se diviertan. Una pelotita de goma… un ratoncito de cuerda…  un cachito de escroto sin mutilar…