Tanques, monos y Nepomuk

He vuelto a coger el coche yo solo, como un campeón. Como un campeón paraolímpico cerebral, porque en realidad ya hace dos mesazos que me dieron el carnet, pero bueno… igual que soy un cagaprisas para las idioteces (como lo de levantarme a las seis de la mañana para verle el cogote a un tío), para las cosas importantes voy con muuuuuucha calma. De hecho… esa es una de las razones por las que Peyote todavía sigue vivo.

Todo el que se sienta en el asiento de copiloto de mi coche, baja el quitasol y dice «hey, si no tiene espejo…» Yo pongo cara de que el asunto me importa mogollón y añado «ah sí, no tiene….» Entonces ellos me dicen «Qué cosas ¿no? ¿y eso por qué?» y yo sigo poniendo cara de interés y añado «Pues… ya ves…» Ellos insisten «¿pero es que no lo llevaba de serie?» y yo ya, con expresión de vaca mirando el tren, respondo «sí… bueno… pero no hace falta que te mires que estás muy bien ¿eh?»

Como ya he pasado nueve veces por esa misma conversación y sigo desconociendo por qué los copilotos rumanos son tan poco coquetos, allí donde debiera estar el espejo, he pegado un cartoncito con esto.

Se lo he enseñado a Jesús cuando ha venido por la tarde a buscarme y ha dicho «Je, qué típico de ti…» Pero como venía en su modo Lebowsky, no he podido distinguir si lo decía en plan «porque tienes mucha gracia», o en plan «porque es pa darte con la mano abierta».

Mola ir con Jesús en el coche, porque él no da gritos como Miguel. Él sólo pone media sonrisilla y dice cosas como «¿has visto esa rotonda que hemos pasado hace veinte minutos? pues… creo que era por ahí». Y te lo dice así. Como si realmente todas las rotondas madrileñas llevaran a Roma y en el fondo diera igual lo de ir para Plaza de España y terminar en Motilla del Palancar.

Me gusta mucho Jesús cuando está en modo Lebowsky. Ojalá pudiera programarle para dejarle siempre así, como quien ajusta los canales de un televisor. Creo que entonces hubiéramos formado una pareja perfecta.

La abuela materna se marcha en siete días. Vivo sin vivir en mí.