El día que si debió ser

Estoy esperando a que venga mi pedido de comida china y el sábado me tocó la lotería.

Queda bien la frase ¿no? como de cortometraje absurdo. Sin embargo, es cierto. El sábado, justo un año después de que por un número no hiciera pleno en el euromillón, he acertado cinco en la lotería primitiva, y no he hecho pleno por el 48. Tres mil setecientos euros. Dos veces en un año he perdido 300 millones por un número. Mala suerte. Dos veces en un año me ha tocado un pellizco en la lotería. Buena suerte. Primero faltó el número 39, después el 48.

39… 48… ¿57?

Mh… tiene que haber algo de magia chelja en todo esto.

Le digo a J. que estoy girando en mi mundo circular, y que lo próximo será en febrero del año que viene, cuando me vuelva a tocar, pero esta vez acertando todos los números del sorteo. Me tocarán cientos de millones de euros, montaré un refugio para animales chungos y destrozones, como mis gatos, me compraré una casa de piedra de sillería con jardín y seré socio accionista de la empresa de J. Así podré estirarme en su silla reclinable y ordenar. «Eh… quiero eso más verde… nonono… o lo terminas o no cenas…»

Él se ríe y me dice que soy un chico con suerte. Hace dos años, cuando le decía que esperaba que me tocara la lotería no me decía eso. Me decía «Si ya sólo esperas eso, chungo lo llevas…» Ahora se ríe y dice que soy un chico con suerte. Es la batalla de los mediollenos contra los mediovacíos. Siempre ganamos nosotros.

Pues claro que siempre ganamos nosotros.

Miguel me pregunta «¿en qué lo vas a invertir?» y yo respondo «¡en una playstation 3!». Entonces me mira con gravedad y dice «joder, compórtate como un adulto ¿no? ¡guarda ese dinero, coño! te puede hacer falta en el futuro ¿sabes?»

No sabe que la playstation es para él. Porque me chilla en el coche y cree en mí.

Puedo contar con una mano las personas que creen en mí. Yo creo que eso se merece muchas playstations. Lo sé porque me conozco muuuuy bien. Y soy igual de destrozón y chungo que mis gatos.

Quiero irme a mi casa nueva. Llevaré una planta de margaritas y la colocaré en el alféizar de mi habitación. Así Peyote podrá mirarlas por la mañana y pensar «¡coño, qué detalle! ¡un buffet de ensaladas!»