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«¿Qué es esto que hay en la nevera?» «Léelo. Te he dejado un sobre…» «Ya. Pues no pienso cogerte ningún dinero por adelantado, esto es una chiquillada, Ariel.»  Me pongo al frente. Ahora soy yo quien señala al pecho. «¡Eh! ahora no vayas de guay ¿eh? tú y tu amigo os habéis dedicado a hacer conjeturas sobre mí y a pensar que yo era amable contigo porque quería sacarte gratis el alquiler ¿no? ¡pues de puta madre! te lo creas o no, yo me he dejado los huevos toda mi vida para salir adelante y no necesito que vengáis ni tú, ni ese imbécil a hacerme juicios gratuitos desde vuestra vida repija de niños bien.» Lo suelto de carrerilla. Según lo ensayado. Todo bien. Mira mi dedo. Me mira a mí. Sonríe. «¿Repija?» Yo también me río. «Sí, repija. ¿Qué pasa?» Me agarra la muñeca. Otra vez la descarga. Pgggg-pgggg. «Sólo te digo una cosa. Si yo te cogiera ese dinero, que no pienso hacerlo, sería sólo por asegurarme de que te quedaras seis meses más, porque desde que estáis aquí los cuatro, mi vida y mi casa me gustan mucho más de lo que me gustaban antes. Y no tengo nada más que decir. Vuelve a coger el dinero o déjalo ahí. Me da igual.»

Se gira y me da la espalda mientras carga la cafetera. Una frase acertada y toda mi ira a hacer puñetas. Desde que estáis aquí los cuatro. Los cuatro. Eso ha estado bien. Miro la nuca rizada. El nacimiento el pelo. El cuello moreno. Me acerco y respiro. Ese olor, joder… Se me gira de repente. Doy un respingo. Tengo su nariz a diez centímetros de la mía. Sonríe. Dientes blancos. Mentón sombreado de la primera barba de la mañana. Qué ganas de morderlo… «¿Qué?» «Nada». Me coge la cara con las manos. Pgggg-pgggg. El temblor en las rodillas. De pronto deja de sonreir y frunce el ceño. «Oye… Ariel… tienes fiebre…» Mi expresión de cara debe ser un poema. «Eh… ¿qué?». Me toca la frente. «Que tienes friebre. ¿Te encuentras bien?»

Escribo esto desde la cama, porque no he podido ir al trabajo. Me he levantado a recoger mi nota, el portátil y el ibuprofeno. Es verdad, ha resultado que tenía fiebre. Supongo que fruto de alguno de estos virus que pillo de vez en cuando. Eso sí… en mi vida me habían resultado tan jodidamente inoportunos.

No logro descansar. Sólo doy vueltas, y vueltas, y vueltas en la cama. Y pienso. Y miro el reloj.

Joder…