Mira que molaría todo no ser yo

Vale, esta va a ser breve…

Me ha dicho que si quiero ir a pasar el fin de semana a un sitio de cabañas en la sierra.

Y me lo ha dicho así… como si nada… como si se hubiera pasado la vida metiendo chicos con pelánganos que no saben aparcar en cabañas de la sierra un finde sí, y otro también.

Casi me ahogo en el nesquick de la emoción. Pero me ha durado también doce minutos, como lo de los ciclistas de ayer, porque enseguida lo he transformado en pánico inútil, al darme cuenta de los detalles idiotas del asunto, como por ejemplo que necesito calzoncillos nuevos que no pongan los huevos azules y calcetines sin tomates.

Y un peine. También necesito un peine. O… unas tijeras de podar, según lo que estoy viendo ahora mismo reflejado en el espejo.

Y también un vidente para que me diga si son cabañas de dos camas o de una.

No sé. A lo mejor da igual todo, porque no llego vivo al viernes.

Desde luego, no a este paso.