Excursión campestre 1 – Polvo 0

Le he pedido a Miguel que viniera mañana conmigo a comprar calzoncillos sexys de los que llevan los futbolistas y los tios que quieren ligarse a alguien. Él me ha dicho que era una tontería que me preocupara precisamente por la prenda de ropa que menos tiempo me iba a durar puesta y yo he querido contestarle que eso todavía estaba por ver, pero se me ha hinchado la glotis al pensar en su frase, y sólo he logrado sacar una especie de ruidillo ahogado tipo glslslslsls…

Al final he ido yo solo a mediodía. No he comprado calzoncillos sexys, pero he comprado unos boxer decorados con viñetas de superhéroes marvel que, por supuesto, nadie a quien yo quisiera seducir debería ver bajo ningún concepto. Por eso odio ir conmigo de compras. Cuanto más intento huir de mí, más me termino encontrando.

Cuando estaba vaciando la bolsa en la mesa de la cocina, ha entrado Carlos y me ha pillado de marrón con la nocilla en la mano derecha y los calzoncillos marvel en la izquierda. Los ha señalado y ha dicho «Anda… ¿y eso? ¿los has comprado hoy?» Con las orejas como dos lombardas, le he respondido que no, que en realidad eran unos viejos que tenía desde hace siglos para dormir y él, con media sonrisilla ha dicho «Pues… tienen la etiqueta puesta.»

En esos momentos me he dado cuenta de que tocaba morirse o hacerse el ofendido, así que he optado por lo segundo, y le he dicho que sí, que vale, me dejara en paz con mis bolsas y mis compras y que si acaso me metía yo a mirar sus calzoncillos. No se ha enfadado ni nada. Sólo se ha reído y me ha abrazado por la espalda (pgggg-pgggg) diciendo «no te mosqueeeees…» y luego, antes de soltarme, ha añadido «me recuerdas mucho a mi hermano pequeño» y ha salido por la puerta tan pichi.

A su hermano pequeño. Le recuerdo a su hermano pequeño.

¿Quién necesita una ducha fría cuando puede disponer de un práctico, cómodo y revelador hermano pequeño?

Ojalá los marvel fueran viejos de verdad. Así podría estrangularle esta noche con ellos.