En fin…

Pues nada. Aquí estoy. Listo para empezar mi excursión de jóvenes castores con mi hermano mayor postizo al que nunca morderé nada. Y me he puesto los calzoncillos desteñidores y los calcetines con tomates. Me la pela. Total… para que me lleve a ver pajaritos y setas, y me explique la apasionante reproducción del pinus quadrifolia, me da igual llevar los huevos morados, que pintados de verde, así que… a la mierda con todo. Encima lloverá todo el fin de semana. Y yo le digo «¿lo cambiamos al viernes que viene que hará sol?» y me responde «No, mejor no, que quiero hacer unas tomas para el trabajo y con luz de lluvia saldrán mejor…» Quiere hacer unas tomas para el trabajo. Qué bien. Yo que pensaba que iba a sufrir un aburridísimo fin de semana de sexo y desenfreno y resulta que me esperan unas maravillosas tomas fotográficas entre barro y amputación de dedos por congelación. Vamos que… con un poco de suerte hasta me pide que le sujete el foco bajo la lluvia, por que, a ver ¿qué más puede desear un chico? ¿un poquito de malaria? ¿una puñaladita en el bazo? ¿una invasión de ladillas?

Procuro ser justo y darme cuenta de que él no tiene culpa de nada. Que sigue siendo un buen tío, amable, simpático y cariñoso. Que la culpa es mía, por levantar castillos ahí donde tenía que haberme estado quietecito, pero… tampoco me resulta útil lo de autocrucificarme. Soy su hermano pequeño. Vale. Pues procuraré estar a la altura. Miraré todo lo que me enseñe con gran atención y pondré cara de aprendiz de Calleja en el Himalaya. Luego la gente me pregunta que de dónde saco los temas humorísticos para el blog. Joder… pero si toda mi vida en sí es una puñetera película de los hermanos Marx…

Voy a llevarme el portátil y la pizarra. A lo mejor entre tomas, setas y ranas, saco un rato por las noches para dibujar alguna viñeta del momento. Al fin y al cabo, en el pasado siempre me sirvió lo de reirme de mí mismo para espantar a los malos espíritus.

Espero que por lo menos no me haga dormir en la misma cama. Sobre todo porque me consta que el pinus quadrifolia no se aprecia con la misma intensidad después de una erección de dieciocho horas.