Mañana haré un comic de todo esto

Carlos pasó unos cuantos años viviendo en países asiáticos y dice que mi chino no suena a chino. Y cuando le pregunto que a qué suena, suelta una risilla y responde “a nada que yo conozca”. Vale. Eso quiere decir que vuelvo a los tacos españoles, cuya pronunciación consigo de forma impecable y sin despeinarme.

Esta mañana me ha venido con una analítica de sangre y me ha dicho “Toma. Me he hecho unas pruebas. Es para que veas que doy negativo en VIH y que no tengo ninguna ETS”. Me he puesto un poco colorado. Siempre está haciendo cosas de esas que me hacen poner cara de recluta en puticlub. Desde que le conozco se ha revelado como un auténtico experto en abesugamiento nepomukiano. Así que nada. Ahí me he quedado con mi cara de memo, mirando el papelito, hasta que me ha dado por preguntar “¿y para qué quiero yo esto?” Entonces ha puesto su sonrisilla perversa y ha dicho “Para que dejemos de usar preservativos. Esa es la mejor ventaja de una relación estable ¿no?” Me ha dado un besito, me ha hecho un cuchi-cuchi de mejilla y hala. Se ha pirado tan pichi, dejándome ahí, en compañía de sus recuentos leucocitarios. He saltado como una pulga y le he alcanzado en el pasillo, pero sólo he logrado decir “Entonces yo…” porque enseguida ha levantado la mano, como si fuera Moisés abriendo mares y ha dicho “No, no. Tú no tienes que hacer nada, tranquilo. Confío en ti.”

Hace tres semanas estaba yo espiando su cogote en las pistas del canal, como un monaguillo salido y ahora confía en mí y tenemos una relación estable con ventajas de folleteo cochino y sin control. En serio que de aquí a que se me aparezca algún cervatillo disney, falta el pelo de un calvo.

No sé si asimilar lo de la relación estable. ¿Así? ¿tan fácil? ¿sin peleas? ¿sin lágrimas? ¿sin mogollones? ¿sin big bang? ¿sin nada que me estalle en las narices? ¿no va a decirme que todo esto era una apuesta y que vaya haciendo las maletas? ¿no va a comerse mi corazón troceado en papillote?

¿Me lo empiezo a creer ya?