28 croquetas y un Häagen-Dazs más tarde

Iba a hacer un comic pero al final sólo he logrado sacar una viñeta. Tchsk… la maldición djin. No tenía que haberlo dicho.  Aún así tengo ganas de resucitar mis comics de flickr. Me autoprometo no pasar de esta semana.

Vuelve la peyoteangustia. De nuevo se escapa por todas las ventanas y se sube a todos los alfeízares. Ahora son siete pisos hasta el asfalto. Carlos está angustiado porque pueda caerse y habla de rediseñar la terraza y de poner mosquiteras en las ventanas. Me siento cantidad de culpable de que tenga que cambiar su casa por culpa de mis gatos. Le he dicho que más tarde o más temprano, tiene que dejar de soltar hormonas y volverse un bicho tranquilo como todos los castrados del mundo mundial (Peyote, no Carlos), y él me ha respondido que si se cae y se hace daño, se sentirá cantidad de culpable por no haber cambiado la casa para mis gatos. Qué cosas. Por una chorrada o por otra, los dos nos sentimos cantidad de culpables, cuando en realidad el único culpable es el psicokiller esquizofrénico este, que no hay forma de que mantenga el culo quieto en un solo sitio más de dos nanosegundos.

Carlos y el psicokiller se llevan de coña.  Siempre busca su regazo para dormir y le va siguiendo por toda la casa, frotándose entre sus piernas y soltando ronroneos zalameros entre destrucción y destrucción.

O sea… más o menos como yo, pero en gato.