No tengo ganas de escribir pero sí de contar cosas

Hoy he conocido a uno de los seis hermanos de Carlos. Él es el mayor, y todos los demás van escalonados, como los Von Trapp, pero sin monja y sin canciones. Le he preguntado si sus padres eran muy religiosos y me ha respondido que no. Que sólo eran muy inconscientes. Me alegro. Siempre que me cuelgo de alguien se me olvida indagar antes dos detalles importantes para sobrevivir a una relación: política y religión. Ni podría querer a un fascista, ni podría querer a un beato. Me da igual que vengan pintados de oro o que sean boy scoutts del año. Los primeros son rabiosos y los segundos, borregos. Eso es lo que he aprendido en la Facultad de Filosofía. Que no hay nada más estimulante que una persona con preguntas. El mundo está hecho para que nos lo cuestionemos, no para que nos lo traguemos como idiotas, tal cual nos lo pongan en los morros.

Bueno, pues… el hermano número cinco de Carlos tiene mi edad y mis mismos pelos, pero en moreno, así que juntos somos como una foto y su negativo. Se ha sorprendido mucho al verme y ha dicho “Anda, yo creía que eras viejo como mi hermano…” Carlos no ha tardado ni dos segundos en responder desde el pasillo “Te va a caer una hostia, Samu.” Me ha hecho gracia verle entrar al trapo como un miura con lo de la edad. No entiendo el mal rollito que le entra a todo el mundo cuando cruza los 35. Si yo tuviera su cuerpo, su cara y su mentón, estaría a todas horas autometiéndome mano. Es imposible que a mi edad estuviera más bueno de lo que está ahora. Científicamente imposible. Matemáticamente imposible. Nepomukianamente imposible.

Samu ha sido un cabronazo y me ha machacado al Call of Duty. En un momento dado le he dicho que me dejara ganar al menos una batalla, para no ponerme del todo en ridículo delante de su hermano. Ha soltado una risita de conejo y se ha autoinmolado poniéndose a tiro delante de mi francotirador. Cuando Carlos se ha asomado ha dicho “¿Le has ganado una por fin? ¿en serio? ¡joder, no me lo puedo creer!” y Samu ha dicho “Ya… ni yo tampoco…”

Justamente estas son la idioteces que a los 20 importan mogollón y a los 35 te la pelan. Asi que… la generación de los Carlos del mundo nos sigue ganando por goleada. Con mentón o sin él.