Últimamente hablo demasiado

Me he comprado dos cajas de polos burmar flax en el Hipercor. Ahora mismo voy por el quinto polo. Tiene un color azul raro chungo y un sabor indefinido. Luego me comeré uno de los morados y después uno de los verdes fosforitos. Mi lengua es una paleta de infinita variedad cromática. Carlos no quiere comer polos porque dice que tiene tendencia a engordar y prefiere cuidarse (de ahí lo de la natación y las carreritas), así que los 32 polos que restan son todos para el zampabollos rubio de la casa. ¡Alegría, alegría y pan de madagascar! Me ha dicho que vigile mis oídos porque el primer síntoma de un coma diabético es un zumbidito constante en la trompa de eustaquio. Creo que lo ha dicho de coña, pero aún así… yo vigilo.

Hemos ido a montar en bicicleta esta mañana. Carlos, Miguel, Ana, Borja y yo. Borja es uno de los del grupo ciclista de Miguel. Es repipi, sobrao, prepotente y un poquito estúpido, así que no nos cae bien a nadie, pero oye “bicicleta” y se lanza en plancha, así que… es difícil programar una salida en bici, sin que Borja esté siempre por enmedio jactándose de ser el mejor pedaleador del mundo mundial.

Cuando nos hemos puesto a rodar, Ana y yo nos hemos quedado atrás y Carlos, Borja y Miguel han salido disparados para echar una carrera. Carlos enseguida les ha sacado mucha ventaja y Borja ha hecho los primeros 5 km. sudando sangre para poder mantenerle el ritmo. En un momento dado, ha tenido que parar y tumbarse unos minutos porque se mareaba. Carlos le ha dado suero glucosado y le ha dicho “Oye, te vas a poner malo, mejor nos olvidamos de la carrera. Tú ve a tu ritmo, no hace falta que sigas el mío”. No lo ha dicho con ninguna mala intención, pero para Borja eso ha sido como si le metieran una guindilla por el culo. Se ha levantado como impulsado por un resorte y ha dicho que no, que estaba perfectamente, que sólo había sido una bajada de azúcar porque había desayunado poco y que él podía ganar cualquier carrera perfectamente porque llevaba una bicicleta superguays de acero pimpoflum, de las que no pesaban nada y blablabla…
Hemos seguido otros cinco kilómetros más. Desde atrás, Ana y yo hemos visto a Carlos aminorar la marcha y darse la vuelta varias veces para preguntarle a Borja si se encontraba bien, y a Borja sacar pechito y responder “¡estoy perfectamente! ¡no te pares, sigue, sigue, que me cortas el ritmo, joder, y ya estaba a punto de ganarte!”.
Intentar ganar a Carlos en todo lo que suponga pedalear o correr, es complicado porque lleva mucho entrenamiento encima y tiene mucha potencia muscular (que me lo digan a mí…), pero como ya he dicho, Borja es un estúpido y no se le puede pedir a un estúpido que actúe con coherencia, así que… ha seguido cuesta arriba echando el bofe, colorado como un camarón y respirando como si ya no le quedaran pulmones, mientras los que íbamos detrás, echábamos apuestas sobre cómo, cuándo y hacia qué lado exactamente iba a desmayarse.

Cuando ya llevábamos unos 15 km. hemos parado un momento porque Ana quería beber, y entonces Carlos se nos ha acercado y en un aparte me ha dicho “Oye, en un par de kilómetros voy a fingir que me da un tirón. Tú sígueme el rollo y disimula. Así dejo pasar a tu amigo para que gane, que estoy preocupado de que le pueda dar una lipotimia o algo.” Ana ha alucinado mucho. Me ha dicho “Jo, qué majo, que poco competitivo ¿no?” Yo he dicho “es porque tiene la polla grande” y Miguel, que estaba bebiendo, ha hecho sifón y casi se ahoga con el gatorade.
Sin embargo, yo no lo decía en broma, porque es una teoría en la que creo a pies juntillas. Hay tres tipos de tíos. Los competitivos que siempre necesitan quedar por encima de los demás (polla pequeña), los que disfrutan ganando pero no se matan por conseguirlo (polla mediana) y los que pasan absolutamente de ganar o no ganar porque les da igual (polla grande). Si hubiera estudiado psicología, habría hecho mi tesis sobre eso. Lo habría llamado “teoría de la relación entre gónadas y psicolucha”. Bueno, sí…es mentira. El título me lo acabo de inventar. Pero hubiera sido algo parecido. El caso es que Ana ha soltado risilla de conejo y ha dicho “bueno, pues entonces mejor para Carlos ¿no?” y Miguel ha añadido “No. Mejor para Ariel”. Y yo también me he puesto de color rojo burmar flax.

Últimamente me pongo rojo muchas veces. Creo que también hubiera podido hacer mi tesis sobre eso.

Postdata: Que nadie busque el acero pimpoflum en las tiendas de bicicletas, porque también me lo he inventado.