La angustia del directo

Mh… bueno, a ver…

Como mi empresa es una de esas formales en las que los nepomuks del mundo no deberían trabajar, todas las páginas web divertidas están capadas a muerte, así que, aprovechando la ausencia de jefatura, esta mañana me he llevado el portátil de Carlos para conectarme en ratos libres y aprender un poquito sobre el twiterespacio.

En esas, y mientras hacía el idiota de la ceca a la meca con los pajaritos azules, ha venido algún dios de esos chungos que castigan a los chicos que se escaquean por el morro y ha hecho que, cuando me agachaba a desenchufar el portátil, con un revelador tracs se me hayan rajado los vaqueros desde el paquete hasta el tobillo, a lo largo de toda la pernera derecha.

Y así me he quedado, a las 17:30h de la tarde, sentadito en mi mesa de trabajo. Enseñando los calzoncillos marvel, una pata canija y un calcetín pokémon, y pegado a la mesa como un chicle, para evitar que nadie lo descubriera y pasara los mejores quince minutos de su vida laboral a costa de mi sufrimiento.

Cuando a las 18:00 se ha empezado a largar todo el mundo, he hecho un leve amago de intentar ir a por el móvil que tenía dentro de la mochila en el perchero, y de paso hacer pis en una carrerita, pero las de la limpieza, al alimón con el vigilante, han abortado mi misión escapista obligándome a volver a mi madriguera, donde he vuelto a esconder mis vergüenzas inferiores, mientras saludaba efusivamente con las superiores, como un presentador de telediario enrollado, de esos que no existen de cintura para abajo.

A las 21.20h, ya con complejo de Muppet, y después de diversos mensajes en twitter de socorro-amilalegión-ayudadmepordios, ha venido a buscarme Carlos con unos pantalones que había logrado encontrar en un vestuario del canal de televisión donde trabaja (porque obviamente, si llega a tener que ir a casa a por ellos, a estas alturas yo todavía estaría allí esperando con los huevos al fresco) que, miratúpordónde, para no desmerecer de mi habitual proverbial buena suerte, han resultado ser naranjas, tamaño XL y con un moderno estampado de cuadros escoceses.

Y así hemos llegado hoy a casa. Yo vestido de Krasty, y él apuntándome con la p**a y jo**da cámara, llorando de risa y pidiéndome que dijera patata.

Es verdad. Yo creo que ya podemos casarnos. Tranquilamente.