Sueño…

Estoy hambriento, incluso a pesar de que llevo en el estómago 300 albóndigas suecas. El salón es un follón de planos y de tornillos porque intentamos montar un mueble sueco antes de que el reloj nos harte o el vecino de abajo nos fusile. Albóndigas suecas, muebles suecos… Demasiado nórdico para la madrugada de un viernes. Hemos venido cantando a voz en grito I Don´t Want To Miss A Thing, de los Aerosmith mientras las cajas temblequeaban en la parte trasera de mi tanque-furgoneta. Luego las hemos arrastrado por todo Malasaña. Que mierda de brazos tengo. Si fuera Indiana Jones en el templo maldito ya me habrían comido los cocodrilos ocho veces.

Entre todo lo que hemos sacado del mueble a desechar, han salido fotos, cartas, regalos y trozos de cariños pasados cortados a mogollón. Le pregunto si le duele mirar hacia atrás y me contesta que de todo lo que ya no volverá en la vida, siempre hay que hacer una enorme hoguera. Yo le digo «pero ahora estás bien ¿no?» y se ríe «Ahora estoy donde siempre había querido estar. Debería encontrar la forma de agradecértelo.»

Eso también podría tranquilamente haber sido una canción de los Aerosmith.