De lo que va por dentro

Toda la noche de ayer tirados en el sofá, hasta las orejas de zampar nachos y burritos, jugando al Crysis 2 y haciendo el tonto en twitter. Nos pasábamos el macbook el uno al otro. Uno jugaba… el otro escribía… uno escribía… el otro jugaba. Ahora tú… ahora yo… ahora te pincho… ahora te contesto… Y con la resaquilla de las dos coronitas y en medio del ciberfollón que nos hicimos, me preguntó “¿y ese blog que escribes… lo puedo leer yo?”

Le dije que no. Así, directamente. No. Y aunque pensaba que se mosquearía y me cerraría el macbook en los dedos, se limitó a bajar los ojos y decir “ok, lo entiendo, no pasa nada.” Y sintiéndome como un cerdo desagradecido, tuve la maravillosa idea de intentar explicarme. No como se explica la gente normal, no. Explicándome como me explico yo cuando quiero ser claro. Enlazando barbaridades y dando palos de ciego sin llegar a ningún sitio. “No es que no quiera que lo leas… pero es que… te llamé marica temática… y hablo mucho de un tío del que estaba enamorado, pero… no es que yo… o sea… he contado chorradas de tu polla y… creo que me metí con Bosco y… en los primeros posts hablo de cuando yo hacía chapas por callao… cuando era pequeño… y de mi padre que se metía caballo… y me abrió la cabeza, pero… todo esto… o sea…yo te lo iba a contar, pero…no sé si hay… algo… más…”

Y así, según iba hablando la iba cagando maaaas y maaaas… y él iba abriendo los ojos maaaas y maaaas… de tal forma que al final ya era cuestión de caer presa de un pánico inútil y salir corriendo, o golpearme la cabeza contra el mando de la play hasta el coma cerebral, así que opté por lo primero, solté un buenomevoyadormir y salí de allí como alma que lleva el diablo. Y no me metí en su cama, como estos días atrás. Por primera vez en semanas, ignoré la casa de 2 y me encerré en mi cuarto de 1+1. Me metí en la que era mi cama y allí me quedé. Aplastado contra la almohada y pensando en mi genialidad de haber logrado destrozar en quince segundos, lo que me había costado conseguir quince años.

No sé cuánto tiempo estuve solo ahí metido. A lo mejor fueron minutos y dentro de mi desesperación me parecieron horas. Solo sé que cuando ya estaba pensando en dónde iría cuando me echara al día siguiente, entró y se acostó a mi lado pasándome el brazo por encima. Que yo dije “Es que la gente que pasa por mi vida siempre se va” y que él respondió “Bueno. Pues yo no me voy a ir”.

Así que si estás leyendo esto ahora mismo, Carlos… solo espero que puedas rascar toda la corteza que envuelve este blog, y llegar al centro, para encontrarte conmigo. Allí donde sigo igual que estaba hace veinte años. Solo, diminuto, y soñando con ver volcanes que seguramente, no llegaré a ver en mi puta vida.