Y ya

Todo el día en el hospital por un ataque de asma. Me cuesta respirar y por lo tanto, me cuesta también vivir. Ahora levantarme del sillón es un mundo, y escribir esto también. Carlos se ha peleado mucho con los médicos porque nos han tenido dos horas y media esperando en la silla de un pasillo. Ha dicho que era “intolerable”. Me ha gustado esa palabra. Intolerable. No es nada fácil sacar las palabras adecuadas cuando estás muy cabreado con alguien. Yo suelo tartamudear. Carlos no ha tartamudeado, sólo ha pedido a gritos la oficina de atención al paciente. Creo que sigue siendo su status de hermano mayor.

Me han hecho pruebas de alergia a docemil cosas. Cosas asquerosas como la caspa de perro, absurdas como la flor de olivo y deliciosas como la avellana. También al pelo de gato. Mientras me hacían esa, le he dicho la enfermera que iba  a dar igual lo que saliera, porque no iba a abandonar a mi comunidad de gatos destroy. Carlos ha dicho “no pasa nada, me los quedaré yo y a ti te apaño un macetero en la terraza para que estés amplio”. Yo me he reído y me ha vuelto a dar el asma, así que la enfermera le ha echado fuera mientras terminaban con las docemil gotas de alergénicos. Carlos no se ha molestado. Sólo ha dicho “espero que no me tengas alergia a mí” y me ha dado un beso en la mascarilla. La enfermera se ha puesto un poco colorada. Un tipo de metro noventa con barba cerrada que grita cagoenlahostia no queda muy coherente dando besitos. Tenía que haberme dado un palmetazo en la espalda. Seguro que con eso la chica se hubiera quedado tranquila. Pero Carlos también hace siempre lo que le sale de los huevos. Sigue formando parte del status de hermano mayor.

No han sacado a qué tengo alergia. Yo tengo la teoría de que es la falta de ositos de goma.

Pero es una teoría que por ahora no cuela.