Feliz día de la tierra, coñoya

Bueeeeno, pues…

Anoche me cansé de sentirme culpable y me bajé al pueblo con Samuel. La idea era evadirme un poco del triunvirato «Carlos-Ernest-Oka», en parte por su cansino rollito de jefes boy scoutt y en parte porque llevaban todo el día hablando entre ellos tres en alemán y yo poniendo cara de «vayavaya-puessí-puessí». Digo que la idea inicial era esa. Pero claro… Samuel tiene un defecto insalvable y es que es igual de irresponsable que yo (que lo digan los 900 metros de roca que ayer estuvimos a punto de comernos con los dientes) así que entre una cosa y otra, se nos fue la mano con la cerveza y los chupitos, y pillamos una curda de padre y muy señor mío. Tanta que decidimos (en un arranque de iluminación por parte de nuestro angelote de la guarda) dejar allí el coche y subir hasta la casa andando por la carretera.

Y nos volvimos a perder, claro…

Y volvieron a tener que ir en nuestra búsqueda, claro…

Sólo que esta vez en lugar de encontrarnos desorientados y asustados, nos encontraron abrazados a un árbol, con los zapatos en la mano, y cantando el Ay Carmela. Bueno… cantando yo. Samuel sólo hacía el bumbarrabumbarrabum de acompañamiento.

Pero bueno… como no hay mal que por bien no venga, el silencio glacial de hoy me está viniendo de coña para la resaca y el no saber alemán también, para así poder pasarme todos los insultos que me estarán dedicando por el forro de la manga.

Creo que voy a dar por finiquitaum mi experiencia en twitter. No termino de pillarle el juego, porque en realidad no es tanto de escribir como pensaba en un principio. De hecho, el 80% de las personas no lo hacen. Sólo se comunican con enlaces y fotos, fotos y enlaces. Demasiados enlaces. Demasiadas fotos. Demasiada gente. Demasiado rápido todo. Demasiadas cosas que leer todas juntas cada vez que abres. Tantas, que cuando pillas algo ingenioso, se le termina yendo la chispa ahí perdido entre otros veinte semejantes. Porque luego resulta que aunque enlaces a cinco o seis, puedes encontrarte que esos cinco o seis te han dejado tuits de otros veinte o treinta, así que al final importa una ñórdiga a quien enlaces porque te encuentras chiribitas con enlaces, fotos y chirigotas de unas 20.000 personas. Y te quedas ahí pensando… «coño ¿y todo esto de dónde ha salido? si yo solo quería saber cómo le iba a mi primo Fernando…»

Se lo he dicho a Belén. Si yo tenía que estar plantando lechugas en una aldea gallega. Si lo sé… lo séeeee…

Fe de erratas: Oka no es Oka. Es Oke. Se me ha ido el subconsciente. Es la resaca