Pues eso

Mañana es el cumpleaños de Jesús. Hará justo un año que me dió su beso más cariñoso en el camino de las Dehesas de Cercedilla. Un año que ha pasado en un pispás. Hago flashback mental para recordar si era más feliz entonces que ahora y rápidamente puedo responderme que no, así que… la cosa va bene. Es importante ganar gramos de felicidad entre un año y otro. Eso siempre significará que caminas hacia delante.

Esta mañana he aprovechado el mediodía para acercarme a la Vaguada a comprar otro de mis pijamas absurdos. Hacía un día precioso, yo era más feliz que el año pasado, tenía un Carlos con Harley Davidson… se suponía que podía ser una de esas mañanas perfectas en las que parece que nada malo va a sucederte… hasta que ha llegado el autobús, y al subirme, me he encontrado de morros con Bosco al volante.

Dos mil autobuses EMT en Madrid y yo me subo al que ese día, a esa hora, estaba conduciendo Bosco. Así de guay soy.

No he podido separarme del picador de metrobus. Bosco me ha retenido durante los escasos ocho minutos de trayecto hasta la Vaguada parloteando como un loro cabreado y diciéndome cosas desagradables. “¿Que tal el Charly? me han dicho que ya te folla regularmente” “Disfrútalo porque le conozco y no creo que le dure mucho la cosa” “A mí como comprenderás ya me da igual, pero ese enchochamiento de papi que tiene contigo más tarde o más temprano se le va a pasar, te lo advierto para que luego no lo pases mal…” “Nosotros duramos cinco años pero claro, también tienes que ver que él estaba completamente colgado de mí, yo soy más del estilo que le gusta…” “Hombre, quiero decir que soy más de su edad y del tipo de físico que le va, si le conocieras lo sabrías…” “No te lo digo por joderte chaval, que yo ya estoy saliendo con otro y además fui yo quien le dejó, te lo digo por echarte un cable y que te vayas preparando porque lo tuyo con él va a ser cosa de un mes como mucho…”

Cuando he llegado a La Vaguada, lo único que ya me apetecía comprar era un poco de salfumán para mezclármelo en la cocacola.

He llamado a Carlos al estudio. No debo hacerlo porque le obligo a interrumpir su trabajo, pero aún así lo he hecho. No le he dicho ni una palabra de Bosco. Sólo le he preguntado si yo le gustaba. Podría haberse enfadado conmigo por haberle sacado de la sala con una pregunta tan gilipollas, pero no lo ha hecho. Solo ha soltado una risa desconcertada y ha respondido que ya no podría existir nada en el mundo que le gustara más que yo. Carlos siempre tiene unas respuestas cojonudas para cuando uno lleva el alma un poco agujereada. En eso se parece a Jesús como un huevo a una castaña.

Soy consciente de que no es inteligente dejar que me afecten las palabras de un autobusero resentido. Pero… sin embargo…