Las chorradillas del fin de puente

Me he dejado dos comics a medias. Ya los tendré que publicar el domingo que viene. Qué vamos a hacerle, es mi naturaleza pedorro-vago-compulsiva. No puedo luchar contra ella.

Fuimos a Vitoria a por la moto. En furgoneta, como los recolectores de cartones. Pasé las cinco horas de trayecto emocionadito perdido porque iba a montar en Harley Davidson. Ahí me dí cuenta de lo mitómano y gilipollas que puedo llegar a ser cuando me obsesiono con algo. Pero igual da, porque me perdoné enseguida al llegar, arrancarla y subirme encima. Jarl… no hay palabras. Hasta se me olvidó que el asiento trasero era para moñas y Vanes. Dimos una vuelta larga hasta el centro de Vitoria y volvimos. Luego le pedí que me dejará llevarla yo un rato y él me volvió a decir que los cojones del obispo. Yo volví a quejarme de que ir detrás no era para mí y él me dijo que entonces quitaría el asiento trasero para ganar aerodinamismo, que es lo que se hace siempre en motos de alta cilindrada. Yo cerré el pico y no volví a dar mi opinión sobre asientos traseros, ni sobre Harleys. Mejor ser una Vane lista que un machote tonto. O lo que es lo mismo… mejor viajar detrás que en ningún sitio.

Creo que la astucia de Carlos para manejarme está creciendo directamente proporcional a su conocimiento sobre mí. A este paso será capaz de negar mis insensateces hasta dos días antes de que yo se las plantee. Tendré que empezar a ser menos previsible.

Terminamos de cerrar la terraza. Ahora ya es un gallinero completo. Red por delante… red por detrás… red por los lados… Le dije a Carlos que podíamos comprar una casita de pájaros con dos o tres periquitos y dejarlos libres por la terraza. Él me dijo que no sería una mala idea, y Peyote nos miró a los dos y puso cara de “¡sí, sí! ¡pajaritos! ¡quiero pajaritos!”

Después de debatir la idea y sopesar pros y contras, hemos decidido aparcar indefinidamente nuestro proyecto de comuna ornitológica en libertad. Sobre todo porque con lo que nos costó montar la puñetera red, no nos apetece nada tener que volver a desengancharla finde sí y finde no, para limpiarla de higadillos de periquito. Carlos dice que a lo mejor con el tiempo podemos encontrar algún tipo de ave que vuele en libertad y que no resulte una víctima fácil para Peyote. Algo como una cotorrita… un loro… un cormorán carnívoro…