Hambre, exámenes, sueño…

En el trabajo he encontrado un disco con “las 100 mejores canciones frikis para animar fiestas”. Me las he descargado en el mac y ahora mientras trabajo, las voy pinchando para despertar la psique del abotargamiento mental que me produce estudiar hasta las tantas. Es un acto de absoluto egoísmo por mi parte. Sobre todo porque el hecho de que a mí me despierte la neurona el torito guapo de El Fary conlleva que a más de uno de mis compañeros se la achicharre para siempre. Pero bueno… tendré que considerarlo daños colaterales. Al fin y al cabo ya supe que tendría que asumir odios ajenos desde el primer día que fui a trabajar en chancletas flicfloc.

Tengo el pelo muy largo y no me lo quiero cortar porque Carlos me ha tocado las pelotas llamándome perroflauta. No sé cuanto tiempo aguantaré con esta protesta pasiva. La verdad es que, independientemente de que ya empiezo a parecerme un poco a David Cassidy, el calor no me ayuda en absoluto. Siento enormes tentaciones de volver a raparme la cabeza pero temo que sea contraproducente en mi campaña “ponga un perro cojo en su vida”. Quiero darle a Carlos una imagen de madurez emocional, y no parecerle uno de esos pirados radicales que se lanzan un día a una idiotez y al día siguiente defienden la contraria.

O dicho de otra forma… no quiero parecerle lo que en realidad soy.

Volvimos a encontrarnos con Bosco en el super, el sábado pasado. Resulta que al final se ha quedado a vivir por el barrio con su nueva pareja (miratúquebien…). Fue un encuentro cantidad de significativo, porque volvió a crecerse y a ponerse estúpido conmigo y Carlos le puso en su sitio clavándole con una frase corta como una puñalada, que le dejó paralizado y con la boca abierta. He decidido dibujar ese encuentro en formato comic para el domingo que viene. Ojalá pueda plasmarlo tal cual fue. No todos los días siente uno que gana al lado de un tipo como Bosco.

Ayer fuimos a ver Piratas del Caribe. Tranquilamente podríamos habernos gastado los doce euros en cacahuetes para monos. Ni en mis peores pesadillas podía llegar a imaginar que echaría de menos el mohín bocachumi de la Knightley. Vivir para ver.