Ains…

Ya está en planta. Esperamos a que venga la cardióloga y nos diga algo. Yo estoy más calmado. Le han bajado a 16-9, lo cual es una burrada, pero menos. Me flipa un poco lo tranquilo que está. Es como el jedi del montepríncipe. Yo ando de la ceca a la meca como una ardilla atacado perdido hablando de esto y de lo otro con las enfermeras y él solo sonríe y me dice que tenga paciencia. Lo flipo. Cuando me imagino a alguien con 21 de tensión siempre pienso en ojos inyectados en sangre y las venas del cuello como chistorras, pero no… este está tan pichi. Igual que si estuviera pescando truchas en el lago Tahoe.

Me debo estar haciendo viejo antes de serlo.

Tampoco me deja avisar a su madre. No lo entiendo. Ella es médico. Sería la primera que debería estar aqui tirando del cuello de las enfermeras, y averiguando entre las trastiendas hospitalarias qué es lo que pasa con los resultados de sus pruebas, pero aún así, no me deja llamarla. Dice que teniendo hipertensión, lo último que necesita alrededor son 63 kilos de madre preocupada. Yo le digo que en realidad ya tiene alrededor 60 kilos de carne preocupada y él me dice «bueno, pero tú me lo compensas con muchas otras cosas».

Miedo me da preguntar cuáles. Temo que se quede mirando al techo y diga «pueeees… a veeeer… ehm… joder, alguna tiene que haber…»

Cuando llegue la próxima comida familiar y la doctora se entere de que su hijo ha estado en el hospital sin que yo avisara a nadie, me odiará. Dará igual que él diga y rediga que fue decisión suya. Ella me odiará y no volverá a regalarme condones de sabores, ni a hacerme rosquillas de San Isidro, ni a preguntarme si alguna vez me han salido manchas oscuras o protuberancias supurantes por la zona de los genitales.

Mpfh… necesitaría que alguien me tomara la tensión.